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Fifty Shades of Grey. 50 Sombras de Grey. Así lo veo yo

     ¿Te ha pasado alguna vez que no encuentras las palabras adecuadas para explicar porqué te ha entusiasmado algo? ¿Has sentido impotencia por no ser capaz de transmitir correctamente tus sentimientos? Pues eso mismo me pasa a mí con 50 Sombras de Grey (FSOG por sus siglas en inglés). Te pongo un poco en contexto.
     Siendo sincera he de decir que al principio, cuando todo el mundo y en todas partes se hablaba del libro erótico del momento, el libro que se adentraba en las relaciones BSDM y que básicamente te ponía a cien casi con cada página, pues bien, en aquellos momentos, la verdad es que con la sinopsis que se hacía de la trilogía, no tenía ninguna intención de leerla; a priori ese tipo de lectura no me gusta. Pero de repente un día hablando con una prima que lo había leído me dijo, léelo, conociéndote te va a encantar. Decidí entonces darle el beneficio de la duda, lo leí y me encantó. La historia me atrapó de tal manera que tardé menos de una semana en leer la trilogía completa, sí, más de mil quinientas páginas.

La Sal de la Tierra

El otro día no sé dónde escuché a alguien decir “¿y qué ha hecho él que sea digno de admirar?”; la verdad, no recuerdo a quién se referían, estoy seguro que a uno de estos nuevos famosos que son los que colman todos los espacios televisivos y que por desgracia son los espejos en los que muchos jóvenes se miran para trazar su futuro.

               Y en esos pensamientos andaba cuando me llegó un whatsapp de una amiga preguntándome si quería ir a ver La Sal de la Tierra, un documental en VOSE y yo, que soy muy intrépido pues ahí que me apunté. La verdad es que no sabía muy bien lo que iba a ver, apenas un par de pinceladas que me había comentado una amiga cuando le dije que iba a ir a verla y que se limitaba simplemente a saber que estaba en varios idiomas; vale, me tocará leer los subtítulos más de lo que tenía pensado pensé, pero seguí adelante.

¿Bendita realidad?


Las prisas no son buenas... ¿Cuántas veces has oído esa frase? ¿Cuántas te has parado a pensar en ella? Lamentablemente, muchas veces sólo lo hacemos cuando nos vemos obligados por las circunstancias.
     Llevamos una vida tan acelerada que rara vez le dedicamos nuestro tiempo a las cosas que verdaderamente importan. La mayoría del tiempo ocupan nuestro tiempo las cosas banales, esas que nos producen una satisfacción casi inmediata. También atendemos de forma inmediata todo aquello que nos produce cierta incertidumbre o curiosidad.
     No es que esta forma de pasar por la vida esté mal, para nada. Cada uno con sus circunstancias toma las decisiones que considera más oportunas en cada momento pero ¿tomaríamos las mismas decisiones si nos paráramos a pensar un poco más en el momento de después? Sinceramente, creo que no. Por desgracia muchas veces nos vemos atrapados en una vida frenética que hace que olvidemos o bajemos de prioridad lo que en momentos de calma consideramos más importante para nosotros.
     En esta sociedad